Patricio Eleisegui recomienda: Virgencita de los muertos y La invención de lo cotidiano

8-lainvencic3b3nVengo de unas semanas en Colombia con Alejandra, mi novia, explorando desde el circuito del contrabando en la frontera con Venezuela hasta caminos en los que ejército y guerrillas todos los días alientan nuevos muertos. Con escapadas por montañas y precipicios, palmeras de plátano y tallos de cacao, tanques de guerra y ron, hasta caer en el llano de Aracataca, el pueblo que inspiró al Macondo de García Márquez. Luego, como cada vez en los últimos tres años, la selva. Para volver a lo básico. Días y noches internado en el espeso Tayrona. Choza, jungla, mosquito que enferma de chikungunya, caimanes y el mar más violentamente bello. Una supervivencia fundamental.

Por supuesto, la lectura fue conmigo. Y de ahí la posibilidad de comentar dos libros que me parecen imperdibles en vacaciones de travesía.

El primero: Virgencita de los Muertos, de Nicolás Correa. Un poemario frondoso tanto en belleza como en dolor, de un escritor que trabaja desde la cercanía. Sanguíneo. Que rompe con eso de “cómo va a ser bueno si vive a la vuelta de mi casa”. De hecho, Correa vive a la vuelta de mi casa. Y no sólo es bueno: es necesario.

Virgencita de los Muertos, relazando por Alto Pogo, se le anima a quienes ejercen el don de la muerte. Teje la nostalgia de las hermandades. Va hacia profundidades que oscilan entre el paisaje ameno y los escombros de algo que nació torcido. ¿Puede haber belleza en una piba que aparece adentro de una bolsa? Leer a Correa implica estar preparado para algo.

Después, mi segunda recomendación pasa por La Invención de lo Cotidiano, de Ana Ojeda. Un libro tan fatídico, tan pesado de momentos plausibles, que, en mi caso, me terminó arrancando más de una carcajada. Pocas cosas son más humorísticas que el patetismo del día a día. Ojeda talla relaciones familiares, de pareja, entuertos pasionales, con una pluma que, por momentos, ofrece más filo y posibilidad de tétanos que la primera lata lanzada por Quilmes.

En La Invención de lo Cotidiano, en sus historias, uno se cruza con diminutivos que confirman, además, que la autora comparte con el lector una determinada posición ante el ridículo. Invita a opinar con ella. En todo caso, hermana. Ajustado al formato mini que propone la Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense, La Invención de lo Cotidiano se me hace una bomba casera –con metralla a base de tornillos, dientes que sobraron del último Ratón Pérez, y la pierna ortopédica que un día se le perdió a la abuela– con pretensiones de gran atentado. Hay que prestarle atención a lo que escribe Ana Ojeda. Y más cuando lo hace así, chiquitito, como calladita la boca.

*Patricio Eleisegui es periodista y escritor. Ha publicado relatos y poesías en revistas de Argentina, España, México, Perú y Colombia. Su primera novela fue finalista del Premio Clarín de Novela 2011. En 2008 fue ganador del premio ESET Latinoamérica en Prensa Digital. Publicó Nubes de polvo sopladas a cañonazos (Exposición de la nueva narrativa rioplatense, 2013); Envenenados (Wu Wei 2014). Coordinó el libro de cuentos Paganos. Antología de santos populares (Editorial Alto Pogo) y en pocas semanas presentará el libro de cuentos Ninguno es feliz (Alto Pogo)

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#lecturasdeverano es una serie de recomendaciones sobre libros para leer durante las vacaciones. Los escritores responden a dos preguntas: 1. ¿A qué lugar te gustaría ir/ fuiste/ irás en este verano? y 2.¿Cuál libro recomiendas para leer?... Las respuestas serán publicadas durante todo el mes de enero.

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